LA HOMEOPATÍA EN LOS NIÑOS


Los niños, desde que nacen hasta que comienzan el colegio, deben superar gran cantidad de “ obstáculos “ : los cólicos del lactante, la aparición de los dientes, los traumatismos, las alergias, trastornos del sueño y del comportamiento, enuresis ( orinarse en la cama ), …  sin contar con las infecciones contagiosas y repetitivas que se transmiten en guarderias y colegios.
Normalmente, todos estos problemas comienzan alrededor de los 6 meses, cuando dejan de mamar y, con ello, de recibir las defensas que su madre les aporta.
Para luchar contra estas infecciones, cada vez son más los padres que recurren a la homeopatía. La explicación es bien sencilla : la homeopatía estimula las defensas.
En los niños, sus defensas no están aún dañadas por largas medicaciones, son muy reactivos y, por ello, responden muy bien y muy rápidamente a la homeopatía. Por otro lado, no tenemos ningún riesgo de producir efectos secundarios, lo que también es un factor a considerar.

 

El tratamiento a recetar, para una misma afección, podrá variar dependiendo de los síntomas que el niño presente y de su forma de actuar ; por ello, al acudir a un médico homeópata, notará que le hace muchas preguntas sobre la forma de ser del niño  ( su comportamiento, sus gustos, sus sueños, los antecedentes familiares, … ), además de preguntar sobre la enfermedad ( que lo ha desencadenado, con qué mejora o empeora, cómo evoluciona … ). El objetivo es determinar lo mejor posible el terreno del niño así como los medicamentos que más le convienen.

En enfermedades crónicas o agudas pero muy repetitivas, más importante aún que los síntomas será la forma de ser del niño : no reacciona igual ( y por tanto no se trata igual ) un niño tranquilo que uno agitado, uno cariñoso que el que no lo es, el gordito que el delgado, etc.
Siempre tendremos que individualizar bien el tratamiento, ya que en homeopatía no tratamos enfermedades sino enfermos.